Cada generación ha cambiado la manera de hacer las cosas, pero no el motivo por el que las hacemos.
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Nuestra historia comenzó en Sabadell en 1962. Desde entonces han pasado años y tres generaciones vinculadas a un mismo proyecto empresarial. Evidentemente, muchas cosas han cambiado durante todo este tiempo. Las cocinas de hoy tienen poco que ver con las de los años sesenta, han aparecido nuevos materiales, electrodomésticos, sistemas de almacenamiento y herramientas de diseño que entonces habrían parecido ciencia ficción.
Pero hay otras cosas que cuesta mucho más cambiar. Quizá porque no queremos que cambien.
El interés por hacer bien el trabajo. Escuchar antes de proponer. Buscar soluciones que sean bonitas, sí, pero también prácticas. Y entender que cuando alguien nos confía la reforma de su cocina, su baño o su vivienda no nos está encargando simplemente unos muebles: nos está dejando entrar en una parte importante de su casa.
La primera generación: cuando todo empieza por el oficio
En 1962 no existían los renders en 3D, ni la realidad virtual, ni los electrodomésticos conectados, ni buena parte de los materiales que utilizamos actualmente en nuestros proyectos.
Había, sobre todo, oficio.
Y el oficio se aprendía trabajando.
Aquella primera generación puso los cimientos de lo que con el tiempo se convertiría en Esteve Estudi. Era una época en la que la relación con el cliente era necesariamente muy directa y en la que conocer bien los materiales, las medidas, el montaje y las posibilidades reales de cada espacio marcaba la diferencia.
Una cocina debía durar. Un mueble tenía que funcionar. Y una solución mal pensada se descubría rápidamente cuando llegaba el momento de utilizarla cada día.
Ese conocimiento práctico del hogar fue pasando de padres a hijos, muchas veces sin necesidad de grandes discursos. Viendo trabajar, escuchando conversaciones, acompañando una visita, observando cómo se solucionaba un problema en una obra...
Así se transmiten muchos oficios.
La segunda generación: conservar lo aprendido y atreverse a cambiar
Recibir un negocio familiar no significa limitarse a hacer exactamente lo mismo que hicieron quienes estaban antes.
Probablemente sea todo lo contrario.
La segunda generación tuvo que conservar aquel conocimiento acumulado y, al mismo tiempo, adaptarlo a una sociedad que estaba cambiando rápidamente. También cambiaban las viviendas y, sobre todo, nuestra forma de utilizarlas.
La cocina dejó progresivamente de ser aquel espacio escondido de la casa donde simplemente se preparaba la comida. Empezó a abrirse, a relacionarse con el comedor y con el salón y a convertirse en un lugar donde también conversamos, desayunamos, hacemos deberes, recibimos amigos o nos sentamos un momento al final del día.
El diseño de cocinas empezó a exigir una mirada más amplia. Ya no bastaba con colocar correctamente unos muebles de cocina. Había que pensar en la circulación, la iluminación, los electrodomésticos, el almacenamiento, los materiales y la relación de la cocina con el resto de la vivienda.
Algo parecido ocurrió con los baños y, poco a poco, con el resto de la casa.
El proyecto empresarial también tenía que evolucionar.
La tercera generación: el mismo oficio con nuevas herramientas
Y llegamos a la tercera generación.
Hoy podemos diseñar una cocina en un ordenador, modificar una distribución en pocos minutos y utilizar la realidad virtual para que un cliente pueda recorrer el proyecto antes de que haya empezado la obra.
Podemos comparar materiales, estudiar iluminaciones, diseñar mobiliario a medida y abordar desde una reforma de cocina o baño hasta una reforma integral de vivienda.
Las herramientas han cambiado muchísimo.
La experiencia acumulada, en cambio, sigue estando ahí.
Porque un programa puede representar perfectamente una cocina, pero todavía hay que saber si esa cocina funcionará cuando alguien empiece a utilizarla cada mañana. Hay que saber si tendremos espacio suficiente para abrir cómodamente un cajón, si la zona de trabajo está bien planteada, si falta almacenamiento o si aquella solución tan espectacular que hemos visto en una fotografía realmente tiene sentido en nuestra casa.
Ahí es donde los años cuentan.
Y mucho.
Tantos años no significan hacer siempre lo mismo
A veces hablamos de experiencia como si consistiera simplemente en sumar años. Nosotros preferimos entenderla de otra manera.
Experiencia es haber visto cambiar las cocinas, los baños y las viviendas. Haber trabajado con diferentes generaciones de clientes. Haber conocido materiales que parecían definitivos y que después fueron sustituidos por otros mejores. Haber visto tendencias llegar, desaparecer y, algunas veces, volver muchos años después con otro nombre.
También significa haber aprendido de los errores.
Porque tantos años trabajando en cocinas, baños, diseño de interiores y reformas dan para aprender unas cuantas cosas.
Por eso, quizá esta cita resume todavía mejor lo que significa para nosotros esta trayectoria:
«La experiencia acumulada no es hacer lo mismo durante mucho tiempo. Es aprender a cambiar sin olvidar lo aprendido.»
Tres generaciones también son tres maneras de mirar una vivienda
Cada generación aporta inevitablemente su propia mirada.
Quien lleva décadas trabajando puede detectar rápidamente problemas que ya ha encontrado muchas veces. Quien llega después aporta nuevas referencias, tecnologías y maneras diferentes de resolverlos.
Cuando ambas cosas conviven, ocurre algo interesante.
La experiencia deja de ser una forma de decir «esto siempre se ha hecho así» y se convierte en una herramienta para decidir cuándo merece la pena hacerlo de otra manera.
Esa combinación entre experiencia y renovación forma parte de nuestra manera de entender actualmente el diseño de interiores.
En una reforma integral podemos utilizar herramientas digitales, estudiar el proyecto en tres dimensiones o recorrerlo mediante realidad virtual. Pero después hay que escoger un material que soporte bien el uso diario, encontrar un mueble que aproveche un rincón complicado o decidir dónde colocar un enchufe para que dentro de diez años siga estando donde realmente hace falta.
Tecnología y oficio no compiten.
Se complementan.
Cada generación ha cambiado la manera de hacer las cosas, pero no el motivo por el que las hacemos.
De una cocina a todo el hogar
También ha evolucionado el propio concepto de Esteve Estudi.
Hoy un proyecto puede comenzar con una reforma de cocina en Sabadell y acabar planteando cambios en el comedor, el baño, los armarios o incluso en la distribución general de la vivienda.
Porque las estancias no viven aisladas.
Una cocina abierta modifica el salón. Un nuevo pavimento puede afectar al pasillo. Cambiar una distribución puede generar nuevas necesidades de almacenamiento. Y una reforma integral obliga a pensar la vivienda como un conjunto.
Por eso nuestro trabajo actual abarca cocinas a medida, reformas de baños, mobiliario para el hogar, armarios, diseño de interiores y reformas integrales.
Es una evolución lógica después de tantos años entrando en casas y escuchando cómo quieren vivir las personas que las habitan.
El verdadero significado de «de tal palo, tal astilla»
Trabajar dentro de una empresa familiar tiene algo curioso. Cada generación recibe una parte de la anterior, pero también tiene la responsabilidad de añadir algo propio.
Si simplemente repitiéramos lo que se hacía en 1962, Esteve Estudi difícilmente habría llegado hasta aquí.
Y si olvidáramos todo lo aprendido durante estas décadas para empezar desde cero cada pocos años, probablemente tampoco.
La clave está en algún punto intermedio.
Conservar el conocimiento que sigue siendo útil. Cuestionar aquello que puede hacerse mejor. Incorporar nuevas tecnologías. Escuchar a quienes llegan con ideas diferentes. Y mantener algo que debería sobrevivir a cualquier tendencia: el compromiso con el trabajo bien hecho.
Tres generaciones después seguimos diseñando espacios en Sabadell y realizando proyectos de cocinas, baños, mobiliario y reformas para hogares que, naturalmente, son muy distintos de aquellos de 1962.
También nosotros somos distintos.
Por suerte.
Pero seguimos aprendiendo de quienes estuvieron antes y tratando de dejar algo útil a quienes vendrán después.
Quizá eso sea realmente «de tal palo, tal astilla»: no hacer las cosas exactamente igual que la generación anterior, sino conservar aquello que merece la pena y tener suficiente inquietud para intentar hacerlo cada vez un poco mejor.
Desde 1962. Tres generaciones. Una misma manera de entender el hogar.
Autor: Esteve Estudi Cuina i Bany - Tienda de cocinas y baños en Sabadell
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