Una cocina inteligente no es la que tiene más dispositivos conectados, sino la que utiliza la tecnología para hacernos las tareas más sencillas.
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¿Qué convierte a un electrodoméstico en inteligente?
Generalmente hablamos de electrodomésticos capaces de conectarse a internet o comunicarse con otros dispositivos.
Mediante una aplicación podemos consultar información, recibir avisos, modificar determinados parámetros o controlar algunas funciones a distancia.
Frigoríficos, hornos, lavavajillas, lavadoras, campanas extractoras e incluso cafeteras incorporan cada vez más este tipo de tecnología.
Pero no todas las funciones inteligentes aportan el mismo valor.
La pregunta importante debería ser: ¿esta tecnología mejora realmente el uso que hacemos del electrodoméstico?
Ventaja: controlar lo que ocurre aunque no estemos en la cocina
Esta es una de las funciones más interesantes.
Podemos recibir una notificación cuando termina un programa, comprobar el estado de un electrodoméstico o recibir avisos cuando detecta determinadas incidencias.
Por ejemplo, saber que la puerta del frigorífico ha quedado abierta puede evitar un problema.
También puede resultar práctico recibir una notificación cuando termina el lavavajillas o consultar cuánto tiempo falta para finalizar un programa.
Son pequeñas funciones, pero pueden facilitar el día a día.
Ventaja: programas más precisos
Algunos electrodomésticos permiten seleccionar programas desde una aplicación, guardar configuraciones habituales o recibir recomendaciones en función del uso.
En determinados hornos, por ejemplo, los programas automáticos pueden controlar diferentes parámetros de cocción.
Los lavavajillas también pueden ajustar sus ciclos dependiendo del tipo de carga o del nivel de suciedad detectado.
Cuando la tecnología automatiza tareas repetitivas y reduce errores, aporta una ventaja real.
Ventaja: información sobre consumo y mantenimiento
Otra posibilidad interesante es disponer de información sobre el funcionamiento del aparato.
Algunos modelos pueden avisarnos de cuándo debemos realizar determinadas tareas de mantenimiento, limpiar filtros o revisar algún componente.
También podemos encontrar sistemas que proporcionan información sobre consumo energético.
Esto puede ayudarnos a utilizar mejor el electrodoméstico y detectar hábitos poco eficientes.
Una cocina inteligente no es la que tiene más dispositivos conectados, sino la que utiliza la tecnología para hacernos las tareas más sencillas.
Pero hay funciones que quizá utilizaremos dos veces
Aquí empieza la otra cara de la tecnología.
Cuando compramos un electrodoméstico nuevo es fácil sentirse atraído por una larga lista de prestaciones.
Pantallas táctiles, recetas conectadas, cámaras interiores, asistentes, control por voz, aplicaciones…
Durante las primeras semanas probablemente probaremos muchas de ellas.
La cuestión es cuántas continuaremos utilizando después de uno o dos años.
Una función tecnológica tiene valor cuando resuelve un problema real o simplifica una tarea frecuente. Si únicamente resulta llamativa durante los primeros días, quizá no debería condicionar nuestra decisión de compra.
El móvil no debería ser obligatorio para utilizar la cocina
Este es un aspecto especialmente importante.
Las funciones inteligentes deberían complementar los controles tradicionales, no sustituirlos completamente.
Abrir una aplicación para realizar una acción que podríamos ejecutar girando un mando o pulsando un botón no siempre supone una mejora.
Además, debemos pensar que una cocina puede ser utilizada por diferentes personas: adultos, niños, personas mayores, invitados…
No todos tienen por qué disponer de la aplicación instalada ni sentirse cómodos utilizándola.
Por eso, cuanto más intuitivo sea el funcionamiento básico del electrodoméstico sin depender del teléfono, mejor.
El problema de las aplicaciones
Cada fabricante suele disponer de su propio ecosistema.
Esto puede provocar que acabemos teniendo diferentes aplicaciones para controlar el horno, el frigorífico, el lavavajillas o la lavadora.
Además, las aplicaciones evolucionan.
Cambian sus interfaces, requieren actualizaciones y pueden modificar algunas funciones con el paso del tiempo.
Un electrodoméstico puede tener una vida útil considerablemente más larga que un teléfono móvil o una aplicación.
Por eso es recomendable que sus funciones esenciales puedan utilizarse siempre directamente desde el propio aparato.
¿Y si cambia nuestra conexión a internet?
Un electrodoméstico conectado depende, en mayor o menor medida, de nuestra red doméstica.
Cambiar el router, modificar la contraseña Wi-Fi o tener problemas de cobertura puede obligarnos a volver a configurar determinados dispositivos.
No suele ser un problema grave, pero sí añade una pequeña capa de mantenimiento tecnológico que un electrodoméstico tradicional no necesita.
Si la señal Wi-Fi es débil en la cocina, algunas funciones conectadas también pueden resultar menos fiables.
Privacidad y seguridad: también existen en la cocina
Cuando un aparato se conecta a internet pasa a formar parte de nuestra red doméstica.
Esto significa que debemos prestar atención a aspectos que antes no asociábamos con un frigorífico o un horno: contraseñas, cuentas de usuario, actualizaciones de software y permisos de las aplicaciones.
No significa que debamos renunciar a los electrodomésticos conectados.
Significa que debemos tratarlos como lo que son: dispositivos tecnológicos conectados a nuestra red.
Mantenerlos actualizados y utilizar contraseñas adecuadas debería formar parte de su mantenimiento.
Reparaciones: cuando el problema ya no es únicamente mecánico
Los electrodomésticos actuales incorporan cada vez más electrónica.
Sensores, placas, pantallas, módulos de comunicación y sistemas de control permiten ofrecer nuevas funciones, pero también aumentan el número de componentes que pueden necesitar reparación.
Por eso, antes de elegir únicamente por la cantidad de tecnología incorporada, conviene valorar otros aspectos mucho más importantes:
la calidad del fabricante, la disponibilidad de servicio técnico, las garantías y la posibilidad de encontrar repuestos en el futuro.
Un electrodoméstico espectacular el primer año puede dejar de ser una buena compra si resulta complicado o demasiado costoso repararlo.
La obsolescencia tecnológica puede llegar antes que la mecánica
Un horno puede continuar calentando perfectamente dentro de muchos años.
Pero ¿seguirá funcionando su aplicación?
¿Será compatible con los teléfonos y sistemas operativos del futuro?
Es difícil saberlo.
Precisamente por eso resulta interesante diferenciar entre la función principal del electrodoméstico y sus servicios digitales adicionales.
Si desaparece una aplicación dentro de unos años, nuestro horno debería continuar funcionando como horno.
Esta independencia entre las funciones básicas y las conectadas es un aspecto que merece la pena valorar antes de comprar.
No todos los electrodomésticos necesitan ser inteligentes
Probablemente esta sea una de las conclusiones más importantes.
En determinados aparatos, las funciones conectadas pueden ser muy útiles.
En otros, su aportación puede ser mínima.
No necesitamos convertir nuestra cocina en un catálogo tecnológico.
A veces es mejor invertir en un electrodoméstico de mayor calidad, más eficiente, silencioso o fácil de reparar que pagar por funciones conectadas que apenas utilizaremos.
Qué deberíamos valorar antes de elegir
Cuando comparemos electrodomésticos inteligentes, no deberíamos fijarnos únicamente en la cantidad de funciones.
Conviene valorar:
La tecnología debería ser un criterio más dentro de la decisión, no necesariamente el principal.
Diseñar una cocina preparada para el futuro
Si estamos reformando la cocina, sí tiene sentido prepararla para las necesidades tecnológicas actuales y futuras.
Una buena instalación eléctrica, suficientes enchufes correctamente distribuidos, conexiones adecuadas y una buena cobertura de red pueden facilitar la incorporación de nuevos dispositivos con el paso de los años.
No sabemos exactamente cómo serán los electrodomésticos dentro de diez años.
Pero podemos diseñar una cocina suficientemente flexible para adaptarse a ellos.
Tecnología sí, pero cuando aporta algo
Los electrodomésticos inteligentes pueden ayudarnos a ahorrar tiempo, controlar mejor determinados procesos, recibir avisos útiles y conocer mejor el funcionamiento de nuestros aparatos.
Pero añadir conectividad a un electrodoméstico no lo convierte automáticamente en mejor.
La calidad, la facilidad de uso, la eficiencia y la durabilidad continúan siendo factores fundamentales.
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La mejor tecnología es aquella que termina formando parte de nuestra rutina sin obligarnos a pensar constantemente en ella. Si complica una tarea sencilla, probablemente no la está mejorando.
Antes de pagar más por una función inteligente conviene preguntarnos si la utilizaremos de verdad.
Autor: Esteve Estudi Cuina i Bany - Tienda de cocinas y baños en Sabadell
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